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miércoles, 2 de junio de 2010

No hablo de política... es que soy apolítico/a

Me encanta oir ese argumento. Me encanta saber que cuando a alguna persona le preguntan sobre a quién va a votar en las próximas elecciones, o qué le parece la decisión que ha tomado el gobierno en tal cosa, etc. La respuesta más inteligente que se lo ocurre decir es "No, yo no hablo de política es que soy apolítico/a".

Claaaaro, por eso cuando a mí me preguntan que qué opino sobre el trasfondo cultural de la época y la fortaleza del personaje de "Casa de Muñecas" de Henrik Ibsen, contesto: "No perdona, es que yo no hablo de literatura,  es que soy a-literario".

Está bien, puede ser que no estemos de acuerdo con la medidas políticas, puede ser que no encontremos ningún partido que nos represente, puede ser que nos la sude lo que pasa a nuestro alrededor, pero lo que no puede ser es que no tengamos ni idea de lo que sucede en nuestro país, no tengamos interés en saberlo y no tengamos cultura política. Rectifico, sí puede ser, pero entonces, defínámoslo así. Lo que es rídiculo es ocultar nuestra ingnorancia o desidia bajo el argumento "soy apolítico".

Y es que, piensa mal y acertarás, pero imagino que si a muchas de esas personas que se definen de esa manera, o que no les gusta la política, les preguntas ¿qué ideas no compartes con los partidos políticos con los que no te sientes representado? ¿cuáles son las medidas gubernamentales, ideologías o motivos por los que no te gusta la política? no sabrán responderte. Porque básicamente no es que sean apolíticos es que son "a-valientes" de reconocer que no saben o conocen información de un tema.

Reconocer que somos ignorantes en algunas cosas, nos hace más inteligentes, justamente todo lo contrario de intentar ridículamente ocultarlo.